Lo que nació como una cábala se terminó transformando en una obsesión. Una mañana como cualquiera, antes de salir a trabajar como clown en un parque de diversiones, se le ocurrió hacer sonar el timbre de la casa. Con la excusa de que hacía poco que allí vivía, Guillermo López quiso escuchar cómo sonaba.
"Voy a tocar a ver cómo suena, toco, escucho el timbre y dije: esto va a ser cábala". Pero la cosa no quedó ahí. Si salía de su casa con 3 personas por ejemplo, con una maniobra distraía a sus acompañantes y el timbre debía sonar según la cantidad que eran afuera de su casa.
Todo terminó hace poco tras una operación que tuvo en la que se prometió que si todo salía bien, dejaba de hacer todo este tipo de rituales absurdos como poner el volumen en número par.