En la soledad del dormitorio de los varones, Manuel Ibero decidió abrir su corazón (y parte de su estrategia) ante el público. Frente a las cámaras, el participante de Gran Hermano: Generación Dorada reflexionó sobre el delicado equilibrio entre ser uno mismo y jugar para el afuera, dejando en claro que su camino hacia la final no necesita de escándalos.
"Siento que voy bien, estoy mostrando mi esencia mezclada con un poco de juego", comenzó diciendo Manuel. Para él, la clave del éxito es simple: "Necesitás que se alineen lo que uno planea y lo que piensa la gente afuera para poder ganar este certamen".
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Uno de los puntos más fuertes de su descargo fue la imposibilidad de sostener una careta en el encierro. "Es prácticamente imposible mantener un personaje acá adentro", sentenció, asegurando que los rasgos reales de cada uno terminan saliendo a la luz tarde o temprano.
A diferencia de otros jugadores que apuestan al choque constante para ganar tiempo en pantalla, Ibero fue tajante: "No comparto lo del juego conflictivo. No creo que me vean gritándole a nadie, no es mi forma de ser". Para Manuel, la educación es su mejor herramienta: "Me manejo dentro del marco del respeto. Si le tengo que parar el carro a alguien, lo haré... siempre en lo que me convenga".
Con esta declaración de principios, Manuel se aleja de la "herencia" de gritos de ediciones pasadas y propone un juego de lectura y paciencia. "Si me tengo que quedar callado, lo haré", afirmó, demostrando que su silencio no es falta de carácter, sino pura estrategia.
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