La casa de Gran Hermano: Generación Dorada está a punto de cambiar para siempre. Luego de tres semanas de observar alianzas y traiciones, Nazareno Pompei decidió patear el tablero y anunció, a solas frente al micrófono del stream, que se terminaron las contemplaciones. No va más.
"A partir de ahora, las decisiones del juego las voy a tomar pura y exclusivamente en base a lo que yo considero", sentenció Nazareno, dejando en claro que ya no confía en ninguno de sus compañeros. Con un tono frío y decidido, el jugador aseguró que su prioridad es su propia tranquilidad: "Si tengo que aceptar que las balas caigan para acá, lo voy a aceptar".
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Lo más fuerte del descargo de Pompei fue su renuncia a los vínculos emocionales dentro del reality. "Ya no empatizo más con nadie, ya no caigo en el juego de victimización de nadie. Tampoco en la manipulación", afirmó. Nazareno admitió que, para sobrevivir, adoptará herramientas que antes rechazaba: "Voy a aprender a falsear, eso es parte de Gran Hermano. A decirles lo que quieren escuchar".
Nazareno no solo planea defenderse, sino que ya tiene una lista de objetivos. Según sus propias palabras, su plan consiste en "empezar a cortar cabezas y debilitar grupos". El participante se mostró indignado con los manejos de sus compañeros: "Se matan por atrás. Corté menos diez con eso. La casa te obliga a jugar solo".
Con esta declaración de guerra, Pompei busca eliminar a quienes considera que se manejaron mal tanto para él como para el televidente.
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