La calma de Catalina "Titi" Tcherkaski en la casa de Gran Hermano: Generación Dorada parece tener fecha de vencimiento. En una profunda reflexión a solas frente a las cámaras del stream, la participante dejó en claro que, aunque evita el conflicto innecesario, está ejecutando una guerra psicológica silenciosa contra sus rivales.
"A mí me sirve que se coman la cabeza de por qué están en placa y no les den las cuentas", confesó Titi, marcando una diferencia ética con otros jugadores. Para ella, el límite es el dolor ajeno: "No me gusta que llore la gente, me parece cruel alimentarte de eso. Pero si puedo meter un jueguito en la cabeza sobre los números, eso no me molesta".
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A pesar de mostrarse medida, Titi admitió que tiene un carácter explosivo que está intentando domar para no perjudicar su imagen. Sin embargo, lanzó una advertencia para quien decida cruzarla: "Yo soy muy chispita y salto rápido. El día que alguien me falte el respeto, no me voy a comer los mocos".
La jugadora fue más allá y reconoció que su fuerte es la palabra, aunque eso implique mostrar una faceta dura y difícil de llevar: "Responderé desde el lado más cruel que tengo adentro mío. Desde el lado del juego, obvio".
Su objetivo no es levantar la voz, sino la confusión: generar un "ida y vuelta" constante sobre las personas para que la paranoia se apodere de la convivencia.
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