En 2011 en Siberia se hallaron los restos de un cachorro de perro o lobo congelado en perfecto estado de conservación a pesar de tener más de 14.000 años. Ahora, casi una década después, un grupo de científicos descubrió la última cena de este.
En dicho estómago, gracias a un análisis de ADN, se constató que los restos hallados dentro del estómago pertenecen a un rinoceronte lanudo. Los estudios fueron llevados a cabo en el Museo de Historia Natural de Estocolmo.
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— Centre for Palaeogenetics (@CpgSthlm) August 17, 2020
Ten years ago, a roughly 14,000 year old frozen #dog or #wolf #puppy was found in Russia. It's been named Tumat.
Subsequently, an autopsy of Tumat was conducted (1/n). pic.twitter.com/FtV3SIZmjL
En una entrevista con CNN Edana Lord, una de las autoras de la investigación, explicó que el animal ingerido tenía aproximadamente el mismo tamaño que el rinoceronte blanco de hoy en día, lo que lo hace poco probable que el cachorro matara al rinoceronte.
"Este cachorro debe haber muerto poco después de comerse el rinoceronte, porque no está digerido. No sabemos si era un lobo, pero si lo era, tal vez se encontró con un bebé rinoceronte que estaba muerto, o el lobo se comió al bebé rinoceronte", explicó la investigadora.

Durante mucho tiempo, se pensó que la llegada del ser humano, con sus técnicas de caza, había sido el culpable de la extinción del rinoceronte lanudo, pero los resultados del análisis de la secuencia de los genomas mitocondriales de los restos hallados, sugieren que el declive final de la especie hacia la extinción fue rápido y no comenzó hasta después de 18.500 años. Lo que significa que la población del rinoceronte lanudo no comenzó a disminuir hasta hace 13.000 años, después de la primera llegada de humanos al noreste de Siberia, señala la investigación publicada en la revista científica Current Biology.
Los rinocerontes lanudos pesaban unos 3.000 kilos, medían entre tres y cuatro metros y eran megaherbívoros adaptados al frío ampliamente distribuido por el norte de Eurasia durante el Pleistoceno tardío.

Los científicos creen que probablemente eran agresivos y en ese sentido, Love Dalén, coautor del trabajo, sostiene que es difícil pensar que el ser humano tuvo algo que ver en la extinción de la especie, sino que parece probable que esté vinculada al cambio climático. “Cazaban con herramientas más avanzadas, pero seguían sin ser tan potentes", aseguró.