“Me rompí la rodilla”, dijo Agustín Marchesín, angustiado. El arquero estaba jugando su segundo partido después de perderse varios por un desgarro en el aductor derecho y en un mal movimiento sufrió lo que parece ser una grave lesión en su rodilla derecha.
Boca todavía empataba 0 a 0 contra el Barcelona de Ecuador en La Bombonera, iban apenas 9 minutos cuando Luis Cano escapó por la derecha. El 1 azul y oro salió a achicar pero el atacante la cruzó hacia la izquierda. Por la otra punta llegó el lateral izquierdo Vallecilla, así que Marchesín se levantó tan rápido como pudo y aceleró para llegar a cubrir el otro palo. Cuando se frenó pisó mal y sintió el dolor. Cayó al suelo y, como pudo, hizo señas para que se frenara el juego y vinieran los médicos a atenderlo.

Enseguida lo rodearon sus compañeros y, herido física y emocionalmente, sentenció: “Me rompí, me rompí la rodilla”. Después, se derrumbó.
Arrodillado en el pasto, el arquero de Boca, que había regresado de la lesión muscular en el partido pasado ante Independiente y se preparaba para llegar de la mejor manera al Superclásico del próximo domingo ante River, se largó a llorar. Todos trataron de contenerlo pero no había nada para decirle que pudiera consolarlo. Brey ingresó y entre abrazos Marchesín pudo subirse al carrito para salir. Se cubrió el rostro para que no lo vieran llorar. Sabe que lo que lo espera no será breve ni sencillo pero aún falta esperar a los resultados de los estudios médicos.