Carmiña Masi sabe que se fue de boca con varios participantes en sus primeras 48 horas dentro de la casa de Gran Hermano Generación Dorada y pasó una pésima noche que la tuvo entre lágrimas por el temor de ser parte de la primera placa de nominados de la competencia.
La paraguaya, que desde el vamos se presentó como portadora de una lengua filosa, pudo desahogarse con Jenny Mavinga. “No quiero llorar porque me van a eliminar. Para mí, llorar es debilidad. Solo lloro encerrada en el baño”, expresó la periodista entre sollozos prácticamente delante de todos.

Carmiña cayó en la cuenta que todas sus habladurías sobre los demás pueden transformarse en votos en contra y se quebró. No obstante, la africana la consoló y auguró que se quedarán mucho tiempo en la casa.
Minutos más tarde y ya en pijama, Carmiña fue al confesionario para seguir llorando y continuar con su desahogo. “Metí la pata y no me quiero ir. Veo lo que esto viviendo y es algo que nunca pensé que iba a vivir. Lo estoy disfrutando muchísimo porque a mí no me pasan cosas buenas”, le comentó a Gran Hermano.

Yanina Zilli y Emanuel Di Gioia fueron otros competidores que se aceraron a la paraguaya para consolarla en medio del “síndrome del impostor” que ella se autodiagnosticó.
“Dicen que yo soy mala cuando en realidad digo las cosas como son”, se justificó la paraguaya en medio de su crisis de llanto.