En 1992, Diego Armando Maradona ya era campeón del mundo y había conquistado al público italiano. Sin embargo, ya vivía momentos de tensión después de ser sancionado por 15 meses tras dar positivo de cocaína en un control antidopaje y su conflictiva salida del Napoli.
En su desembarco en Sevilla, el Club tomó la decisión de perseguir al Diez para investigar lo que hacía en sus tiempos libres. En una reciente entrevista en Vox Pópuli, habló uno de los encargados de espiar a Diego en aquellos tiempos.
“Su casa no tenía salida, era lo bueno que tenía. Era un chalet y solo tenía una salida. Entonces pusimos un coche ahí y nos íbamos turnando. Contamos 18 o 20 italianos, argentinos entrando y saliendo. Yo llevo 30 años en la calle y sé qué tipo de gente era", declaró el investigador, que confesó que anotaba las patentes de los autos que entraban y salían de la casa que el futbolista también compartía con su esposa, Claudia Villafañe, y sus hijas Dalma y Gianinna que en aquel momento tenían 5 y 3 años.
El detective aseguró que Diego "no llevaba una vida propia de un futbolista de alto nivel", y que el mayor inconveniente era que Maradona no iba a entrenar. "Se metía allí a las 6 de la mañana”. Tras aquellos sucesos, el Club optó finalmente por desvincular al jugador.