Fue por penales, fue sufriendo pero llegamos a las semifinales. Argentina empató 1 a 1 ante Ecuador y, con una noche gloriosa del Dibu Martínez, sacó el pasaje para la semifinal de esta durísima Copa América. Nicolás Otamendi fue el encargado de darnos el pase con el penal decisivo.
Nada va a ser sencillo para la Selección Argentina en este torneo, cada partido habrá que trabajarlo, lucharlo y sufrirlo. Es que la Selección de Scaloni es el rival al que todos quieren vencer, al que todos estudian hasta los mínimos detalles y contra el que todos dan un plus especial.
Impreciso, desordenado e incómodo por el pésimo estado del campo de juego, el equipo de Scaloni tuvo una noche mala mientras que Ecuador dejó todo y estuvo muy cerca de quedarse con la victoria. Un cabezazo de Licha Martínez encendió la ilusión con el 1 a 0 y cuando parecía que todo estaba terminado llegó el inesperado empate de Kevin Rodríguez que nos llevó a los penales.

Y entonces fue el momento del show del Dibu. El mejor arquero del mundo fue la gran figura de la noche, que durante los 90 atajó todo lo que pudo y en la definición tapó los dos primeros tiros de Ecuador y le dio a Argentina la ventaja que necesitaba para imponerse.
Enner Valencia había anticipado que se jugarían la vida y quedó claro desde el primer momento, cuando Ecuador salió con todo y sorprendió a una Selección desprolija que erró demasiados pases.
Lo tuvo Caicedo cuando iban apenas 6 minutos, luego Sarmiento. Los de celeste y blanco no hacían pie, no se adaptaban a un campo de juego en malas condiciones y en cada contraataque quedaba mal parado.

Desde el arco el equipo se fue acomodando, las atajadas del Dibu dieron confianza a una defensa frágil y lentamente se recuperó la pelota.
Costó demasiado generar juego y una prueba de ello es que el gol llegó de pelota parada y lo convirtió un zaguero. Dos cabezazos en el área y el primer tanto de Lisandro Martínez con la casaca nacional. Pero el gol no abrió la defensa rival y el camino siguió por un sendero de lucha y poco juego.
Para peor, hubo una mano en el área de Rodrigo De Paul y Ecuador tuvo el empate en los pies de Valencia, pero su remate se estrelló en el palo y todo siguió igual hasta el final del primer tiempo.

La segunda parte fue aún más complicada. Quedó claro que Leo Messi no estaba del todo bien desde lo físico: participó poco en el juego y se mantuvo recostado sobre una banda. Tuvo algunas apariciones, pero el equipo extrañó sus desequilibrios.
Tampoco estuvo fino Enzo Fernández, errando demasiados pases y Nicolás González no tuvo el peso ofensivo que se esperaba, por lo que el juego poco a poco se fue desvaneciendo. Se destacó la entrega Alexis MacAllister y Rodrigo De Paul, pero sin el juego fluido al que nos tiene acostumbrados, el equipo no fue el mismo.
Scaloni buscó cambiar el rumbo con Julián Álvarez en lugar de Lautaro, luego con Lo Celso por Enzo, pero ellos tampoco pudieron aportar el control de balón y la generación que se necesitaba.

Con oficio, se mantuvo el resultado a favor hasta el final. El partido se fue embarrado en las disputas personales, los minutos pasaron y daba la impresión de que la historia terminaría en un deslucido 1 a 0, pero...
El shock inesperado llegó en el tercer minuto de descuento. Rodríguez igualó la historia y no hubo tiempo para mucho más. La noche debía definirse por penales había que sufrir un poco más.
Y allí estuvo Dibu, para salvar a Leo Messi el día en que el 10 necesitó ayuda. Y como si fuera poco atrapó también el segundo penal de la tanda, dejando al equipo en ventaja y lleno de confianza. Después anotaron Julián, Alexis, Montiel y Otamendi cerró el sufrido triunfo. Una noche de tensión que terminó con una sonrisa y un alarido de desahogo.
Fue por penales, fue sufriendo pero llegamos a semifinales. Ahora habrá que mejorar para que esta noche sirva de enseñanza y el juego del equipo pueda resurgir.