Clasificación, goleada histórica y una actuación inolvidable: Argentina aplastó a Brasil por 4 a 1 y cerró de la mejor manera la doble fecha más complicada de las Eliminatorias. Una noche consagratoria en el Monumental.
Partido soñado con arranque soñado. Apenas iban tres minutos de partido y las 85 mil personas que llenaron el estadio ya festejaban el primer gol.
El toqueteo certero y letal que caracteriza a los de Scaloni derivó en un mano a mano que Julián Álvarez no desaprovechó. 1 a 0 y aquella confianza que intentó mostrar Brasil en los días previos al clásico ya se había esfumado.

Los de amarillo quedaron perdidos en el campo de juego por un buen rato. Y en esa confusión llegó el segundo golpe: esta vez fue Enzo Fernández el que la empujó ante una defensa que lucía noqueada.
Iban 12 minutos y parecía que cada ataque argentino podría terminar en gol. Brasil presionaba, se defendía y por momentos hacía tiempo para tratar de frenar a un equipo que había salido decidido a pasar por arriba a su rival.
En el mejor momento de los nuestros llegó el error de Cuti Romero. El gran referente de la zaga se confió y mostró que es humano: tardó demasiado en soltar la pelota y perdió ante la presión de Mateo Cunha, que se escapó solo y anotó el descuento.

Los goles siempre sacuden el ánimo de los equipos. Argentina sintió el golpe y los de Dorival salieron a buscar más errores en la salida albiceleste. Pero con el correr de los minutos las cosas volvieron a la normalidad y De Paul, Enzo, Alexis y Paredes volvieron a adueñarse del juego.
Los pases cortos vencían a la presión una y otra vez y avanzaban en el terreno. La pelota llegaba cada vez más seguido al arco de Bento y en uno de esos ataques Enzo Fernández levantó la pelota desde afuera del área para que Alexis Mac Allister se desmarque y defina a lo crack. 3 a 1 y ya ese error del Cuti era cosa del pasado.

Joáo Gomes, Endrick y Leo Ortiz entraron en el visitante para el segundo tiempo, pero los de Scaloni siguieron firmes. Un equipo atento, que no estaba dispuesto a ceder su intensidad, que recuperaba muy rápido la pelota y explotaba esa tenencia agresiva enloquecedora para los rivales.
Lo tuvo Julián, con un remate con zurda que obligó a Bento a estirarse. Lo tuvo Tagliafico, con un cabezazo que se fue cerca tras un gran centro de Molina. También Paredes y Thiago Almada, cuyos remates se fueron desviados, pero siempre, cada jugada Argentina llegaba con pases veloces y frontales.
Llegó el momento de bajar el ritmo, el local sintió el gran desgaste hecho pero los de amarillo no lograron preocupar en esos minutos. El entrenador argentino buscó oxigenar con Giuliano Simeone, en reemplazo del gran Thiago Almada. Y vaya si salió bien el cambio. En la primera que tocó, el delantero del Atlético de Madrid le rompió el arco a Bento y selló el 4 a 1.

Con sed de sangre tras aquella frase de Raphinha ("vamos a darle una paliza"), la Selección mantuvo los dientes apretados hasta el final y estuvo cerca del quinto, con un gran remate de Paredes, que Bento logró descolgar del ángulo.
Con la clasificación sellada y dos consagratorios triunfos ante clásicos y poderosos rivales, Argentina demostró en esta doble fecha estar nuevamente en la cima del mundo futbolero.